Entrevistas

Filosofía, virtualidad y vida cotidiana

“Filosofapp” es una serie documental, emitida por el Canal de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que introduce reflexiones filosóficas a las escenas de la vida actual, donde plataformas informáticas y apps tienen un gran protagonismo. En diálogo con Citecus, el licenciado en Filosofía Federico Mana, conductor de este ciclo televisivo, destaca el interés de la sociedad por los contenidos filosóficos y reflexiona sobre la tarea divulgativa.

 

 

En 2019, la Dirección de Contenidos Audiovisuales de la Universidad Nacional de Mar del Plata lanzó la serie divulgativa “Filosofapp”, la cual recurre a la filosofía para analizar situaciones cotidianas, en el contexto actual del uso constante de plataformas y aplicaciones virtuales que en los últimos años han modificado nuestro día a día.

“En este programa, buscamos compartir preguntas que nos ayuden a desnaturalizar el uso que le damos a las nuevas tecnologías”. La frase se repite al final de cada episodio y brinda una pista sobre el objeto de divulgar filosofía en su anclaje en la cotidianeidad. Y en ese repensar de las acciones que se llevan adelante en la vida diaria, surgen distintos planteos. “Con aplicaciones como WhatsApp, ¿estamos más comunicados?”, se pregunta el conductor Federico Mana en la primera entrega del ciclo.

La serie está compuesta por ocho capítulos. Ya fueron emitidos cuatro: “La comunicación en tiempos de WhatsApp”, “La belleza en tiempos de Instagram”, “El amor en tiempos de Tinder” y “La amistad en tiempos de Facebook”. Los próximos hablarán de la relación de Twitter con la democracia, de Snapchat con el tiempo, de YouTube con el éxito y de Uber con el trabajo. El programa se emite por el Canal de la Universidad Nacional de Mar del Plata (28.1 en la TDA) y los episodios también se pueden encontrar en YouTube y Dailymotion.

El ciclo documental recurre a la filosofía para analizar situaciones cotidianas, en el contexto actual del uso constante de plataformas y aplicaciones virtuales.

La serie cita a grandes pensadores que escribieron sobre los temas que aborda en cada cada capítulo, incluye caracterizaciones y ejemplos con escenas de películas y series, entre las cuales no podían faltar las historias distópicas que se cuentan en «Black Mirror».

El ciclo es conducido por el profesor y licenciado en Filosofía Federico Mana, egresado de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y doctorando en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús.

Mana da el curso de ingreso a la carrera de Filosofía de la UNMDP, integra un grupo de investigación interdisciplinario de la misma casa de estudios, y durante años se ha desempeñado como docente en el nivel secundario. En paralelo, por fuera de lo académico y la docencia, incursionó en lo que se llama prácticas filosóficas, que incluye la tarea divulgativa en medios de comunicación. Fue columnista del magazine Ddiez (que se emitía por Canal 10) y del portal de noticias Minuto Uno, y ha tenido participaciones en el programa Mardel Directo (Canal 8). Asimismo, realizó columnas radiales y actualmente conduce el programa “Filosofía en todos lados”, los lunes de 14 a 15 en Radio KLA FM 91.7 (cuyas emisiones se pueden encontrar en Spotify).

En diálogo con Citecus, Mana habla del acercamiento de la filosofía a la vida cotidiana, destaca el interés de parte de la sociedad por los contenidos filosóficos, reflexiona sobre distintos recursos para la tarea divulgativa y describe de qué manera la filosofía permite repensar el presente.

-¿Cómo llega la filosofía a las escenas de la vida cotidiana?

-De alguna manera, es una labor de la filosofía tratar de llegar. Y ésta es una visión muy personal, sostenida en que en cada una de nuestras elecciones, nuestras acciones, nuestras prácticas, hay ideología. Hay algo que motiva las elecciones que tomamos, lo que vamos haciendo, y no es todo tan ingenuo, ni tan llano. Creo que es ahí donde se genera un terreno para que la filosofía pueda llegar. Creo que debería ser una tarea de la filosofía querer llegar ahí. Está el terreno fértil, pero solo no va a pasar. Si bien creo que estamos en un momento más propicio, nadie va a decir: ”Che, para esto necesito un filósofo”. No va a pasar esto. Entonces, la filosofía tiene que ir encontrando los espacios de aparición que los hay, pero hay que llegar.

-¿Creés que hay una distancia entre la academia y lo que sucede en la vida diaria?

-Se dice que un filósofo graduado tiene dos caminos: la investigación y la docencia. Y hay toda una corriente, a la cual yo adscribo bastante y me estoy formando en eso, que dice que hay una tercera corriente que sería lo que llamamos práctica filosófica. Es una especie de puente entre estos conocimientos académicos que no se niegan, una cuestión también de la docencia, pero filosofía aplicada a otras prácticas, a otros quehaceres, como por ejemplo talleres, cafés filosóficos, consultoría filosófica y la divulgación.

La filosofía ha encontrado un espacio de comodidad en lo académico. Ése es el tema. Quién es tu interlocutor. A quién la filosofía ha tomado como interlocutor válido. Y considero que mucho lo ha hecho a los pares.

Hoy se ve una aceptación a ciertos pensadores que, desde lo escrito o lo visual, han empezado a romper un poco esa barrera y encuentran que hay un terreno sobre el cual pensarse a sí mismos y pensar el modo de vida que tenemos desde la filosofía, sin tener que necesariamente ir a cursar la carrera de Filosofía. Me parece que ahí está la disyuntiva. ¿Hacer filosofía es estudiar la carrera o aplicarla en la vida de cada uno? No es ni una cosa ni la otra. Es todo.

-¿Qué es hacer filosofía? ¿Cómo se articula con la divulgación?

-La filosofía es un acto de pensamiento, un acto de poner en cuestión la propia vida. Yo creo que todos lo podemos hacer, de alguna u otra manera. La investigación filosófica lo que hace es llevar eso hasta últimas instancias, recopilar autores e ideas, aplicar otras ideas. Tratando de no inventar la pólvora porque hay cosas que ya se pensaron. Y de alguna manera, cómo se articula eso, cómo sirven esos conceptos para pensar la realidad.

Tiene que seguir habiendo gente que se dedique a lo académico y que, al mismo tiempo, esa misma gente u otra haga una especie de contacto entre ambos lados y haga una bajada pedagógica, por decirlo de alguna manera. No toda la gente tiene por qué haber leído Ser y tiempo de Martin Heidegger, ni La República de Platón, ni todas las cosas que se han escrito.

Yo trato de instalarme un poco en ese espacio. Me gusta, me siento cómodo. Hay días en que me peleo con ese mismo espacio. Sin renegar de la academia, yo mismo estoy haciendo un doctorado en Filosofía, trato de pensar cómo todo esto que se produce puede ser de utilidad para pensar la propia vida. Si me pongo muy idealista, es como un ejercicio de libertad. ¿Por qué tomamos las decisiones que tomamos? ¿Cuáles son los mecanismos que nos influyen todo el tiempo en nuestra toma de decisiones, en nuestros pensares? ¿Somos tan libres como creemos serlo?

Muchas veces lo hacemos intuitivamente, sobre todo en esas situaciones que a uno no le gustan. ¿Por qué tengo que hacer esto? ¿Por qué me pasa esto a mí? Una pregunta muy filosófica. Pero a veces no nos animamos a profundizar porque nos incomoda. Eso es lo que tiene la filosofía también. Yo creo que la filosofía como tal nunca se va a poner de moda. Hay muchos productos, por ejemplo “Merlí”, que se puso de moda. Pero ¿realmente se puso de moda la filosofía o se puso de moda un producto? No voy a hablar mal de éste porque me parece que en cierta manera generó algo positivo para la gente de filosofía, que es un acercamiento, una bajada. Pero, si no te incomoda, no es filosofía. Si no te marca la contradicción, te enfrenta a tus contradicciones, no es una actividad filosófica. ¿Y a quién le gusta verse en contradicción? Que dice algo pero hace otra cosa, que lo que piensa se pone en contradicción con lo que hace. Creo que a nadie.

-Hablabas de la serie “Merlí”. También se han escrito libros de divulgación de filosofía que han sido muy vendidos. ¿Hay un público cautivo respecto a determinados contenidos?

-Hay un público al cual le está llegando esta actividad reflexiva en un momento en el que parece que tenemos que tener cierto escape. La realidad es completamente igual, repetitiva. Incluso hasta una noción de trascendencia. Yo creo que la filosofía, volviéndome un poco idealista, plantea un espacio de trascendencia: puedo pensar algo más allá de lo meramente cotidiano.

Por eso creo que cuando se logró coordinar este requerimiento de la sociedad con productos bien hechos, desde lo estético, lo visual, un lenguaje más llano, ahí se generó una eclosión importante.

-¿Cuál es el principal desafío de divulgar filosofía, de divulgar el ejercicio de la reflexión filosófica?

-El primer desafío es que a quienes están del otro lado realmente les llegue y les provoque eso. Porque uno puede proponer una actividad, pero la forma en que lo hace o la repercusión no lo genera. Un segundo desafío tiene que ver más con lo profesional: ¿qué formación tenemos los que estudiamos Filosofía para hacer esto? Nula. Cero. Yo llego a la divulgación por la docencia. Di clases en secundaria durante ocho o nueve años. A mí me gusta la filosofía, y yo quiero transmitir lo que me gusta a los demás. Y si logro pararme dos horas frente a adolescentes, después estar con una cámara o un micrófono no es nada. Porque la cámara no pone cara de que se está aburriendo ni bosteza. El desafío es ir encontrando los espacios. Se abrió un poco el panorama con “Merlí” y lo que viene haciendo Darío Sztajnszrajber, pero no es tan fácil. No es que vas a cualquier medio y te dicen que sí. Yo he tenido suerte.

No vas a encontrar ningún medio, salvo que sea alternativo, que te permita hablar más de veinte minutos seguidos. Entonces, otro desafío es cómo decir lo que querés decir en menos tiempo, con menos palabras. Hay un ejercicio de elección, qué digo y qué no. Y a los filósofos siempre nos parece que todo es importante. Hay que decirlo todo, porque aun diciéndolo todo no llegamos ni a una parte.

“Filosofapp” tiene contenido en poco tiempo. Lo interesante es que hay un equipo de trabajo. Por un lado, está el apoyo de tener un guion, de tener un equipo con el cual se trabaja previamente. Yo entrego el contenido en función del tema que sabemos que vamos a trabajar, después me devuelven un guion, que me lo estudio y lo digo a la cámara. En el plano de la divulgación, uno siempre debería saber qué quiere decir, cómo va a empezar y a dónde quiere llegar. En la docencia también. Y reconozco que no todo el mundo hace eso. La filosofía misma es un ejercicio que si uno se enfrasca, empieza hablando de una cosa, este problema te lleva a otro problema, éste a otro, y así terminamos hablando de un montón de cosas. Es un ejercicio maravilloso, muchas veces hasta placentero, pero no siempre se puede reproducir en un ámbito de divulgación. Porque divulgar ¿qué es? Llevarle a los demás. ¿Qué le vas a llevar a los demás y cómo?

-¿Cómo se piensan las tecnologías en este proyecto divulgativo?

-La gente usa WhatsApp, usa Facebook, usa Tinder. ¿Cómo podemos recuperar eso para pensar a través de ello y con estas aplicaciones? Ése es el proyecto básico de “Filosofapp”.

¿Qué ocurre en esos espacios virtuales? Y en esas reflexiones, ¿cuál es el vínculo entre el mundo virtual y el mundo físico?

-Me parece que el vínculo está desde el principio en hacer una pregunta: ¿las aplicaciones cambian nuestras formas de vivir o nuestras formas de vivir son las que hicieron que estas aplicaciones tengan tanto éxito?

-¿De qué se ocupa la filosofía en nuestros días?

-La filosofía es muy amplia. Hay numerosos desarrollos académicos. Si bien hay gente que sigue investigando sobre Platón y Aristóteles, también hay todo un concepto de filosofía e inteligencia artificial, filosofía y el concepto de humano, cómo la tecnología aplicada al cuerpo genera algo nuevo como el transhumanismo, filosofía de la mente. La filosofía se pregunta por su tiempo. Se sigue preocupando por las nuevas problemáticas que van surgiendo.

La filosofía es una usina constante de preguntas y de problemas. Nunca se terminan los problemas porque el problema que surgió hace dos mil años por ahí sigue, de alguna manera, vigente. Tampoco vamos a decir que nunca se resolvió nada, pero siguen cuestiones vigentes y se van sumando cada vez más. Y, de algún modo, esas problemáticas de hace muchos años las podemos seguir hoy en día. Por ejemplo, si queremos pensar la amistad, casi como una cuestión de tradición, algunos de los grandes filósofos que han pensado la amistad fueron Aristóteles y Epicuro. ¿Fueron los únicos? ¿Tenemos que quedarnos sólo en ellos? No. Pero aunque sea para comparar qué se pensaba antes de la amistad, y cómo funciona eso hoy.

 

 

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