Entrevistas

Mario Benedetti, de Mar del Plata a la Máquina de Dios

El ingeniero es pionero en la fabricación de fuentes de alimentación muy importantes para el funcionamiento del Gran Colisionador de Hadrones, el acelerador de partículas más grande del mundo, ubicado en Suiza.

Por Agustín Casa.

 

La historia de vida de Mario Benedetti es un relato de inmigración, sentido de pertenencia y consciencia sobre el desarraigo. Nacido en Italia, llegó a la Argentina en barco, junto a su familia, cuando apenas tenía dos años. En este país se crío y se formó. “La casualidad” como él señala, el azar o, por qué no, una serie de causalidades lo llevaron a trabajar en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) en Suiza. Si bien su gran anhelo era trabajar allí, su deseo de vivir en suelo argentino lo trajo de nuevo al país y, más tarde, de forma definitiva a Mar del Plata.

Recibido de ingeniero en Telecomunicaciones en la Universidad Nacional de La Plata, Benedetti armó en esa casa de estudios un laboratorio de electrónica junto a su mentor científico, Carlos Christiansen. En ese contexto, al no disponer de dinero para la compra de algunos artefactos, desarrolló su primera fuente de alimentación, dispositivo necesario para proporcionar energía a los desarrollos que se hicieran en el laboratorio.

“Ésa fue una de mis primeras experiencias como ingeniero, de construcción de algo. Estuvimos buscando la bibliografía sobre lo mejor que había a escala muy pequeña. Eran fuentes de 0 a 15 voltios. Armamos cuatro o cinco de esas fuentes para tener dos en el laboratorio y dos en las prácticas con los alumnos”, recordó Benedetti en diálogo con Citecus.

Casi en paralelo, emprendió un viaje por cuestiones familiares a Suiza. Allí conoció una persona que en una futura visita a la Argentina le sugirió que debería conocer el CERN. Cuando Mario escuchó esas palabras se encontraba tomando mates con un grupo de físicos. “Imposible, Mario. Ni nosotros que somos físicos podemos entrar. El CERN está soportado por la comunidad europea y lo lógico es que ellos contraten gente de la comunidad europea”, le advirtieron sus compañeros de laboratorio. 

Su ingreso al CERN

Historia de amor mediante, Benedetti regresó a Suiza y decidió visitar el CERN, experiencia que evoca con alegría: “El hecho de entrar y conocerlo me cambió la vida. Creés que existen ciertos imposibles y cuando estás ahí, ves que los imposibles son relativos. Quedé impresionado. Era todo de ciencia ficción”. Corría el año 1975. Fascinado con la posibilidad de trabajar en ese lugar, Mario se postuló, pero no lo consiguió. Tiempo después retornó a Suiza y lo volvió a intentar, pero tampoco fue admitido. Sin embargo, un colega italiano le presentó a un técnico que quería abrir una fábrica de electrónica y buscaba un ingeniero como socio. El proyecto se concretó y crearon una fábrica en la cual producían artefactos para el CERN.

Fue entonces cuando en 1975 se produjo un punto de inflexión en su trayectoria. “Un día estaba entregando unas placas. Vino un francés, me lo presentaron y me preguntó por mis antecedentes. Le dije que mis antecedentes eran pocos, que ayudé en el laboratorio, que hice una fuente regulada a tiristores. En ese momento, la cara del tipo se transformó porque ellos tenían más de quinientas fuentes prereguladas a tiristores que no les andaban y nadie sabía cómo arreglarlas. Si bien no eran de las mismas características, las mías eran de 15 voltios 1 ampere, y éstas eran de 700 voltios 700 amperes, desde el punto de vista conceptual era lo mismo. Entré para hacer eso. A partir de ahí hice un muy buen trabajo. Quedaron encantados. Las fuentes salieron andando, les corregí todos los errores que tenían de diseño y a partir de ahí nunca más me fui hasta el día de hoy”, narró Benedetti, quien firmó un contrato como becario por dos años. 

Mar del Plata, sus raíces

Tras finalizar ese período, decidió volver a la Argentina: “Cuando se estaba por vencer, me dijeron que me querían contratar de forma permanente y yo les dije que no. No estaba dispuesto a inmigrar. Por una cuestión histórica mía, de haber sido hijo de inmigrantes y ver lo que sufrieron, no quise hacer esa experiencia y no me arrepiento”. Benedetti se convirtió en un referente a nivel mundial en la fabricación de prototipos de fuentes de alimentación. Continuó trabajando para el CERN y coordinó acuerdos de colaboración que estipulaban trabajos desde Argentina y viajes de becarios a Suiza. 

“En 1981 volví a Mar del Plata porque pensaba dejar la carrera y aquí están mis raíces. Me encontré con una situación muy favorable en cuanto a la calidad de los becarios en la Facultad de Ingeniería de Mar del Plata. Entonces, propuse a la universidad que, por un año y sin contrato, me dejen armar un laboratorio. Fue el primer laboratorio de investigación en electrónica. Finalmente me quedé y fui el director de ese laboratorio. Como fui el iniciador del contacto con Argentina y el que firmó los convenios de colaboración, todos mis becarios de aquí comenzaron a viajar”, indicó Benedetti,  quien en aquel tiempo era investigador del CONICET y uno de los primeros ingenieros que hizo carrera de investigación. Mientras que desde La Plata continuaron el intercambio con el CERN hasta 1992, desde Mar del Plata iniciaron en 1983 y se mantienen de manera continuada hasta la actualidad.

Los viajes de Benedetti al CERN no se terminaron. En 1988, lo nombraron agregado científico permanente (cargo ad honorem). Un año más tarde, resolvió un problema “que había avisado 15 años antes” y su trabajo lo llevó a estar en contacto con el director general del organismo. Ya en el nuevo siglo firmó “un segundo acuerdo para que no solamente sean los físicos los que pudieran ir al Centro Europeo, sino también las tecnologías alternativas”. 

“En 2009, logré lo que parecía imposible, que el laboratorio de Mar del Plata sea el primer laboratorio mundial que recibe un subsidio del Centro Europeo para la Investigación Nuclear para desarrollar cosas en Mar del Plata”, aseguró. Tras la fabricación del prototipo de fuente de alimentación en Mar del Plata, hoy en día desde el Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológica en Electrónica (ICYTE), un becario se dirige a Suiza para hacer la transferencia y realizar un doctorado.

La Máquina de Dios

-¿Qué es el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, según sus siglas en inglés), conocido como La Máquina de Dios?

-Es una máquina impresionante que usa la más alta tecnología que existe en el mundo en lo que significa fuentes de alimentación, aceleración de partículas, etc. Se podría definir como un microscopio que nos permite ver las partículas más pequeñas y más antiguas que existieron en el universo, algunas millonésimas de segundo después del Big Bang, hace 13.840 millones de años. La máquina recrea esas condiciones, funde la materia a través de energías enormes y al fundirla la pone en las condiciones que había hace 13.840 millones de años y nos permite ver qué sucede con máquinas que están mirando esa transformación.

-¿Cuáles son las características de las fuentes de alimentación que se desarrollan en Mar del Plata? 

-Acá se fabrica el prototipo inicial que resuelve un problema. Dado un problema, fabricamos fuentes de alimentación que son muy complicadas, que aparentemente no se pueden hacer, y le buscamos la vuelta para que eso suceda. Las construimos con nuestros propios diseños para demostrar que esa idea funciona. Luego mandamos un becario, que es el que hizo el desarrollo guiado por nosotros, y se queda en el Centro Europeo transfiriendo esa situación y construyendo con las técnicas de allá toda la fuente hasta que se arma un prototipo que funcione correctamente. En esas condiciones, la fuente es aprobada y luego se manda a fabricar en serie en algún lugar de Europa. Hacen la fuente y se pone en funcionamiento. 

-¿Qué función cumplen las fuentes de alimentación en los aceleradores de partículas?

-Hay distintos tipos de aplicaciones. Las partículas primero son aceleradas con aceleradores especiales. Hay dispositivos que empujan las partículas para que cada vez vayan más rápido hasta que llegan casi a la velocidad de la luz: 300.000 km/s. Si quisieras hacer un acelerador lineal, en un segundo tenés 300.000 km de largo. Entonces, se usan aceleradores circulares que permiten que puedas ir acelerando las partículas y, a medida que van tomando velocidad, las vas empujando hasta que lleguen a la velocidad buscada, que es 300.000 km/s. Como están dando vueltas, darán 11.000 veces por segundo la vuelta al anillo, pero se te escapan. ¿Cómo hacés para que las partículas hagan una trayectoria circular? Imaginate unas boleadoras. Si yo agarro y ato una bola a un hilo y empiezo a girar, la trayectoria de la boleadora es circular. En el momento en que se suelta, sale en la dirección que la solté. El problema es cómo atás una partícula que es infinitamente pequeña a un hilo. Hay técnicas electrónicas para hacerlo, como un imán perpendicular a la trayectoria de la partícula cargada, que haga que la partícula reciba una fuerza hacia adentro como si fuera el hilo de la boleadora. El imán necesita una corriente que haga la fuerza hacia adentro y se genere un campo magnético perpendicular a la trayectoria. Ese imán está alimentado por una fuente. Ésa es la fuente que nosotros construimos. Cuanto más rápida va la partícula, más corriente tenés que ponerle. Las fuentes son variables, tienen que llevar una corriente en función de la velocidad a la que van las partículas y tienen que tener una precisión muy alta para que la partícula vaya en el centro de un tubo de 5,3 cm. Es extremadamente perfecta porque si te equivocás en la fuerza, la trayectoria se hace más grande y entonces choca contra las paredes. 

-¿Cuál fue tu impresión al conocer el LHC?

-Es un túnel de 27 km. Es la parte final de más de 70 km de túneles de aceleración. Ese túnel tiene 6 metros de diámetro. Se encuentra cien metros bajo tierra. Cuenta con un monorriel para moverse o transportar cosas a lo largo de los 27 km. Dentro del lugar, se anda en bicicleta. El cilindro donde están los tubos de aceleración es de un metro y medio de diámetro, de un color azul muy bonito. Hay diez mil fuentes de aceleración en todo el acelerador. Hay muchas que son de nuestros prototipos. Cuando bajás ahí y te ponés a ver la máquina, los detectores son cámaras fotográficas de grandes dimensiones que sacan 40 millones de fotos por segundo en una resolución de 75 millones de megapíxeles, que tienen el tamaño de un edificio de diez pisos, 46 metros de largo por 25 metros de diámetro. Vos vas caminando por ahí, ves tus fuentes de alimentación, y sentís un cosquilleo raro.

El bosón de Higgs

Sobre uno de los grandes avances del LHC, Benedetti relató: “En 2012, el Gran Colisionador de Hadrones descubrió una partícula que se estaba buscando hace mucho tiempo, que permite entender por qué las cosas tienen masa o peso dentro de la Tierra: el bosón de Higgs. A partir de ahí hay un montón de incógnitas que no se entienden, entonces se siguen buscando explicaciones. La máquina estuvo funcionando entre 2012 y fines 2018 recolectando información que va a tardar 20 años en ser analizada. Ahora la máquina está parada y se está haciendo un upgrade para darle mayor cantidad de encuentros en la colisión para tener mayor cantidad de información para acelerar los tiempos. En eso se está trabajando en este momento. Nosotros estamos participando en el desarrollo de alguna fuente. Es más, una fuente que nuestro laboratorio desarrolló en 2009 ya está implementada en los nuevos aceleradores, en el upgrade”

Pionero y divulgador

Cuando se desempeñó como jefe de departamento en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Benedetti promovió, junto a sus colegas, la formación del doctorado en electrónica y también propuso la creación de un instituto especializado en esta área. “Cuando me jubilé había cierta resistencia, dos años después se creó el Instituto de Investigaciones Científicas y Tecnológica en Electrónica (ICYTE)”, sostuvo. En este punto, remarcó: “Nuestro laboratorio es de instrumentación y control, especialista en electrónica de potencia, en energías alternativas y comunicación en redes”. 

Mario trabajó en laboratorio hasta el 2014. Tras jubilarse, se recibió de doctor en Ingeniería. “Lo hice simplemente por una reivindicación personal”, confesó. Es profesor emérito de la Universidad Nacional de Mar del Plata y se dedica a la divulgación científica, conmovido por el Universo y el Gran Colisionador de Hadrones. “Explicando esto, entendí cómo funciona el universo y entendí mejor cómo encarar la vida. Todo eso me cambió mucho”, concluyó Benedetti, quien anclado a sus raíces vive en Mar del Plata, pero disfruta del rol divulgativo y brinda charlas sobre estas temáticas en distintas partes de Argentina y del mundo.

 

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