Entrevistas

Marplatenses estudian una proteína que podría emplearse en tratamientos para enfermedades hepáticas crónicas

El grupo de investigación pertenece a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata y espera iniciar la etapa de estudios clínicos en cirrosis y en hígado graso. A su vez, investiga en laboratorio cómo accionaría la proteína en cáncer de hígado.

 

Por Agustín Casa.

Apuntes

* Un grupo de investigadoras de Mar del Plata estudia la proteína TGFBR2-SE, la cual podría emplearse en el tratamiento de enfermedades hepáticas crónicas y en cáncer de hígado. El proyecto está en condiciones de avanzar a la etapa de investigación clínica en casos de patologías como cirrosis e hígado graso.

* Las investigaciones son llevadas adelante por el grupo “Enfermedades metabólicas”, dirigido por la Dra. Andrea Chisari, perteneciente al Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

* Según Chisari, esta proteína receptora capturaría una citoquina (TGF-β), que es liberada en grandes cantidades por el sistema inmune durante procesos inflamatorios como los que se producen en enfermedades del hígado, y de esta manera evitaría el progreso de enfermedades crónicas hepáticas.

 

Un grupo de investigación marplatense estudia una proteína llamada TGFBR2-SE. Ésta podría emplearse para el tratamiento de enfermedades hepáticas crónicas y también se investiga en el laboratorio cómo sería su acción en Hepatocarcinoma (HCC), es decir, cáncer de hígado. Este equipo espera que próximamente puedan comenzarse los estudios clínicos en el caso de enfermedades como cirrosis e hígado graso.

Andrea Chisari es doctora en Ciencias Bioquímicas e investigadora adjunta del CONICET. Dirige el grupo “Enfermedades metabólicas”, encargado de llevar adelante esta investigación, perteneciente al Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Además, se desempeña como docente de Fisiología Humana en la misma casa de estudios.

En diálogo con Citecus, Chisari explicó: “Esta proteína se une fuertemente al Factor de Crecimiento Transformante β (TGF-β), una citoquina que se libera en grandes cantidades cuando hay un proceso inflamatorio, como ocurre en el caso de enfermedades del hígado. Entonces, este receptor capturaría esa citoquina y hace que ésta no tenga tanto efecto negativo sobre el resto de las células y se pueda revertir el proceso inflamatorio o la enfermedad». Es decir, podría «evitar que progresen estas enfermedades crónicas hasta llegar a una etapa de no tratamiento o de difícil tratamiento”.

En esta línea, la investigadora continuó: “Por lo pronto, sabemos que evita que la enfermedad progrese, pero lo que sí tenemos que hacer en el laboratorio es analizar dosis, forma de implementación. Ésa ya sería otra fase. La idea es empezar cuanto antes, pero necesitamos mayor financiamiento. Ya comenzamos a trabajar para ver en qué etapa de la enfermedad es más útil o si sirve como preventivo o como curativo. Aparentemente es curativo, pero estamos en una fase de experimentos nuevos para ver si también podría llegar a ser preventivo”.

“La proteína funcionó muy bien en procesos inflamatorios, sobre todo en hígado graso y en hígado fibroso. También habría que probarlo en diabetes de tipo 2 y en procesos que incluyen un proceso inflamatorio crónico. E incluso en Hepatocarcinoma (HCC), que actualmente se está trabajando en eso, primero en animales y luego vendría la etapa de estudios clínicos», detalló sobre los estudios realizados y el trabajo actual en el laboratorio.

Andrea Chisari, directora del grupo de investigación que lleva adelante este proyecto.

Según Chisari, la proteína TGFBR2-SE es “un protector contra la liberación de esa citoquina que es mala”. La TGFBR2-SE “es liberada por células del sistema inmune que nosotros tenemos en nuestros órganos, por ejemplo en el hígado, donde liberan mucho de esta proteína Factor de Crecimiento Transformante β (TGF-β). La proteína nueva, en este momento recombinante, captura esa citoquina, por eso es un receptor soluble de TGF-β”.

Asimismo, explicó qué es una citoquina: “Son moléculas proteicas que las liberan células del sistema inmune para proteger al resto de las células. Hacen una cascada de reacciones que es lo que se llama proceso inflamatorio que, en el caso del hígado u otro órgano, ocurre cuando hay anomalías, cuando hay fallas en la función». En relación a lo que ocurre durante un proceso inflamatorio, la investigadora destacó que “se libera mucho de esta TGF-β” y que “esta citoquina induce una falla donde las células comienzan a acostumbrarse y hay mucha predisposición a un cáncer, a que la célula se transforme”.

“¿Qué es lo que sucede cuando una célula se empieza a transformar? Esa transformación es inmediatamente reconocida por células del sistema inmune y dicen ´esta célula no se está comportando normal´, entonces tratan de atacarla. Entre macrófagos la quieren fagocitar, comérsela. Pero el hecho de que haya mucha TGF-β hace que esa célula puentee”, señaló Chisari y describió: “Nuestra células siempre se están muriendo y naciendo. Cuando hay una alteración, ante la menor posibilidad de que se pueda transformar esa célula y ser cancerígena, nuestro organismo tiene la capacidad de bloquearla. El TGF-β es una citoquina normal. Primero induce apoptosis, induce que la célula se muere. Pero cuando ya llega a ciertos niveles del proceso inflamatorio, y de mucha liberación, hace al revés, que puentee la muerte programada y empiece el proceso de transformación, porque esa célula evitó esa regulación normal y eso también influye mucho en nuestro sistema inmune localizado en el órgano, porque esta proteína es local».

El camino de Andrea Chisari y su grupo hacia este desarrollo tuvo como antecedente su estudio de las alteraciones metabólicas que presentan los adultos debido a “una malnutrición proteica durante todo el período de gestación, lactancia, los primeros años de desarrollo del bebé y la infancia”. En este punto, la investigadora definió las enfermedades metabólicas: “Se llaman síndromes. Son muy complejos, son crónicos. Es una familia de enfermedades que se llaman no transmisibles, porque no son contagiosas, pero se llaman metabólicas porque tienen origen en el metabolismo del organismo, donde el hígado cumple una función fundamental. Vimos que son muy difíciles de tratar. Quisimos ver si, revirtiendo la alimentación, lo suplíamos y vimos que no”

En ese contexto, las investigadoras de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata se asociaron con un grupo del Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECH) dirigido por Ricardo Dewey, quienes describieron la proteína. “Fue un excelente hallazgo encontrar esta proteína (TGFBR2-SE). Es un receptor, se llama soluble porque no está anclado en la membrana que se libera en procesos inflamatorios. En este caso, fue descubierta en la artritis reumatoidea, pero después vimos que estaba muy relacionada con enfermedades que son de tipo inflamatorio como las enfermedades metabólicas. En éstas se liberan muchas citoquinas que hacen el proceso inflamatorio y en el hígado se libera muchísimo de esto. Ellos la aislaron, la secuenciaron, sabían de qué se trataba, pero no estaba descrito para qué era. Ahí vimos que la liberan las células en procesos inflamatorios. Y cuando hay un proceso en el caso del hígado estaba muy aumentada”, relató.

El trabajo en conjunto entre ambos laboratorios para este proyecto inició en 2012. Desde entonces, han superado diferentes etapas a partir del descubrimiento de ciencia básica en el INTECH y el desarrollo en ciencia aplicada en laboratorio en Mar del Plata y los posteriores trabajos en paralelo. En la actualidad, trabajan cuatro investigadores en la UNMDP y cerca de una decena en INTECH, y se entrecruzan las tareas de ciencia básica y aplicada. En este marco, esperan dar comienzo a la etapa de estudios clínicos. En este sentido, Chisari indicó: «Se podría empezar la etapa clínica en cirrosis y en hígado graso. Se está trabajando en el Hepatocarcinoma, en cáncer de hígado, que es la última instancia que ocurre cuando las personas tienen este tipo de patologías. Como son crónicas, de largo tiempo, de difícil curación y hasta reversión, hay un largo porcentaje que tiene cáncer de hígado que hasta ahora no tiene cura. Llegan a trasplante de hígado que es carísimo».

En tanto, en cuanto a los avances del proyecto, subrayó: «La idea de Ricardo Dewey es que todo quede dentro de CONICET y de la Universidad. Por eso fue patentada. Si bien hay unos inversores que están muy interesados, la idea es que esa inversión sea siempre a través de CONICET o la Universidad». En tanto, no resulta sencillo iniciar los estudios clínicos dado que “se necesita mucha cantidad de la proteína asilada pura”. “La están haciendo como proteína recombinante en el INTECH. Pero resulta carísimo y no es a gran escala”, agregó.

Con los estudios clínicos en el horizonte, este equipo marplatense ansía poder avanzar con este ambicioso proyecto que implicaría una mejora en la calidad de vida de las personas, dado que se espera que la proteína TGFBR2-SE permita desarrollar tratamientos para enfermedades hepáticas crónicas y cáncer de hígado.

 

Foto principal: CONICET Mar del Plata

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