Mundo Sustentable

Slow Food: alimentación buena, limpia y justa

En Mar del Plata crece día a día el movimiento Slow Food. La comunidad está conformada por un grupo de productores, cocineros y activistas en pos de la justicia alimentaria. Su portavoz, Juan Cruz Erviti, cuenta la situación de la ciudad y la región.

 

Por Araceli Achkar

 

Slow Food es una organización internacional, que actualmente involucra a millones de activistas en más de 160 países, cuyo objetivo compartido es asegurar que todo el mundo tenga acceso a una alimentación buena, limpia y justa.

Fue fundada en la década del 80, en Italia, por Carlo Petrini junto a un grupo de personas que compartían la certeza de que era necesario defender las tradiciones regionales, el placer gastronómico, una buena alimentación y un ritmo de vida más tranquilo.

La filosofía del movimiento global, que es la esencia de la comunidad gastro-ecológica de Mar del Plata, es que la alimentación buena, limpia y justa es un derecho de todos:

Buena: “alimentación sabrosa y fresca de temporada que satisfaga los sentidos y forme parte de la cultura local”.

Limpia: “producción y consumo de alimentos que no perjudiquen el medioambiente, el bienestar animal ni la salud humana”.

Justa: “precios accesibles para los consumidores y justas retribuciones para los productores”.

En diálogo con Citecus, Juan Cruz Erviti (portavoz de Slow Food en Mar del Plata) nos habla sobre este movimiento que cuenta con 17 integrantes en la ciudad: “Los objetivos de la organización velan principalmente en salvaguardar la biodiversidad de productos de cada región, sus costumbres alimentarias, productos, semillas originarias, recetas. Resumimos el movimiento en la defensa de tres pilares fundamentales, que la comida que llega a nuestra mesa ‘debería’ ser buena, limpia y justa, es decir, que sea de calidad, a través de sistemas productivos sostenibles, y tanto el precio de venta como la retribución que recibe el productor sean justos”.

El movimiento, según indica Erviti, se propuso dos objetivos que consideran fundamentales para ser aplicados en la región: “El primero se basa en crear una red de cocineros, productores y activistas que trabajen de manera cotidiana basándose en la filosofía ‘slow’ para tener una visión más amplia y podamos acercar posiciones y productos a quienes los transforman para darnos el gran placer del ‘buen comer’. Y como segunda medida, nos propusimos trabajar en la educación, enfocada principalmente en los consumidores, sobre todo los chicos, y en otra pata muy importante para nosotros, que son los futuros (y actuales) cocineros. La difusión de información correcta, en contraposición a lo que nos han implantado desde hace años sobre lo que es saludable y lo que no, es un asunto clave para nosotros. Si logramos que la gente pueda direccionarse hacia un producto local, de estación y orgánico, habremos empezado a batallar contra los estandarizadores del gusto, dueños de productos que no solo no alimentan sino que también dañan la salud”.

El logo del movimiento es un caracol, en relación a slow food (en español, “comida lenta”).

Al analizar en profundidad la situación de nuestro país, Juan Cruz afirma que “al igual que en otros países en vías de desarrollo, la situación es mala. La gente cree que porque come una ensalada está comiendo algo saludable, ignorando todos los agroquímicos que tiene encima, por poner un ejemplo. Tenemos un país en donde los profesionales de la alimentación, como los ministerios y demás órganos públicos, que deberían velar por nuestra buena alimentación, dan mensajes erróneos, o directamente miran para otro lado cuando precisamos legislación que ponga freno a los agronegocios que solo favorecen a un puñado (económicamente) y dejan tierras infértiles y muchas patologías ligadas a esa forma de producción”.

El caso de Mar del Plata y la región no es la excepción. “Hay poco en materia de legislación y lo poco que hay no se cumple, muchas veces tiene que salir la gente a cortar una calle para pedir que se cumpla la prohibición de fumigar a determinados metros del ejido urbano. Pero, por otro lado, la conciencia parece ser mayor a medida que avanzamos en el tiempo, a fuerza de pequeños emprendedores que arriesgan para poner un mercado orgánico, ni hablar de productores que pudiendo quedarse con un formativo de producción ‘convencional’ prefieren ofrecer un buen producto. De estos hay pocos, pero con el correr de los días son y serán cada vez más. Eso nos da esperanzas para seguir hacia adelante”, señaló Erviti, portavoz de Slow Food en Mar del Plata.

Este movimiento en pos de la justicia alimentaria se suma a las organizaciones con visión sostenible que crecen día a día en nuestra ciudad y promueven iniciativas orientadas al manejo responsable y consciente de los recursos de nuestra región.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *