Entrevistas

El soundtrack de la naturaleza

El ambiente está repleto de sonidos naturales y artificiales. Esos sonidos presentes en la naturaleza, ¿son música? Pablo Sisterna (doctor en física y músico), Gisela Giardino (doctora en Cs. Biológicas) y Juan Pablo Seco Pon (doctor en Cs. Biológicas) describen los sonidos de la naturaleza y sus particularidades.

 

Por Agustín Casa /

El canto de las aves acompaña cada mañana nuestro amanecer. Un trueno estridente precipita un susto, sorpresivo y vehemente. Un delfín silba e imprime en el éter su sello de identidad. El viento chifla ante el avance de cada ráfaga de aire. Un pianista toca con virtuosismo las notas de una partitura, primero piano, luego forte. ¿Qué tienen en común estas imágenes sonoras? Justamente, en todas estas escenas, los sonidos o la música están presentes.

Por lo general, entendemos por música a la combinación de melodía, ritmo y armonía, que puede ser cantada o no. Si nos apoyamos en otras acepciones, también puede considerarse música a una sucesión de sonidos, o incluso a aquellos sonidos que resultan agradables a la escucha. En este sentido, ¿existe una música de la naturaleza?

“Hay música en la naturaleza viva –cuenta Pablo Sisterna a Citecus–. Hay un montón de pájaros que tienen cantos muy agradables al oído y que realmente sostienen notas musicales durante algunos segundos. El canto de las ballenas y los delfines es muy bonito y por momentos pareciera, aunque sea por décimas de segundo, que están manteniendo alguna nota musical. En cambio, en el mundo natural no vivo, yo diría que no hay demasiados sonidos musicales”. Sisterna es doctor en Física, profesor e investigador de la UNMDP, pianista y compositor.

Las aves producen diversas manifestaciones vocales que se pueden diferenciar entre llamados y canciones. Foto: gentileza de Juan Pablo Seco Pon.

El músico se detiene en los sonidos de la naturaleza no viva. “Son más bien lo que se llama ruido. No hay en general sonidos armónicos como lo que uno entiende musicalmente como armónicos, con una determinada frecuencia que se sostenga en el tiempo, pero hay excepciones. Por ejemplo, cuando hay un viento fuerte, y uno está en un lugar con árboles o edificios, lugares donde se puede comprimir aire, a veces uno escucha el viento que silba. Y de repente, uno puede percibir alguna nota musical muy efímera, porque son sonidos que van cambiando”, explica el físico.

En este marco, el doctor en Ciencias Biológicas Juan Pablo Seco Pon define al sonido como “vibraciones (ondas sonoras) que emite cualquier elemento” y sostiene que los sonidos que nos rodean pueden clasificarse en sonidos naturales y sonidos artificiales o antropogénicos. Al respecto, el investigador adjunto del CONICET, dedicado al estudio de aves marinas en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC), agrega: “Los sonidos naturales incluyen todos los sonidos producidos a partir de un elemento de la naturaleza, por ejemplo, el viento, un trueno o un animal, entre otros. En cambio, los sonidos artificiales incluyen aquellos que son producidos a partir de un elemento creado por el ser humano, por ejemplo, una locomotora, una guitarra o un sonar, entre otros”.

Cada delfín nariz de botella produce un silbido firma que lo hace identificable entre otros de su especie. Es como la huella dactilar de las personas. / En la foto principal, se observan dos ballenas jorobadas. Estos mamíferos marinos emiten lo que se conoce como los “cantos de las sirenas”.

El océano, un auditorio para grandes músicos

Los mares del mundo son escenarios de grandes intérpretes musicales: los mamíferos marinos. Las actividades biológicas de estos animales se apoyan en gran medida en el sentido del oído. “Los mamíferos marinos dependen del sonido para todo: la socialización, la navegación, la alimentación, la reproducción e incluso el cuidado parental”, destaca Gisela Giardino, doctora en Ciencias Biológicas, investigadora asistente del CONICET en el IIMyC –se dedica al estudio de mamíferos marinos– y docente e investigadora de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Los úrsidos –como los osos marinos–, las nutrias y los pinnípedos –lobos marinos, focas y morsas– producen por la laringe sonidos dentro del rango audible del ser humano, que va de 20 hertz a 20 kilohertz aproximadamente. Estos son utilizados en todo tipo de actividades biológicas y tienen mucha importancia en la época reproductiva.

Un ejemplo de sonidos son las vocalizaciones entre madre y cría de los lobos marinos de un pelo. En este sentido, Giardino describe: “Si se observa en la Patagonia a los grupos de cachorros de lobos marinos de un pelo que esperan a la madre para alimentarse, cuando la loba llega, vocaliza y en seguida el cachorro responde a esa vocalización y se puede encontrar con la madre. Esto es lo que se llama vocalizaciones de reconocimiento de madre y cría. Después también interactúan el olfato y las hormonas, pero el primer reconocimiento se da a través de la voz”.

Los mamíferos marinos que ostentan mayor fama por su producción sonora son los cetáceos, es decir, las ballenas y los delfines. “Los cetáceos pueden producir dos tipos de sonidos. Sobre todo, los cetáceos odontocetos –a excepción de los cachalotes–, los que tienen dientes. Estos pueden generar sonidos de frecuencia modulada, llamados silbidos o señales pulsadas. Estas son producidas para ecolocalizar. Emiten este tipo de sonido, este rebota en el ambiente, lo reciben a través de la mandíbula y se conecta con el oído interno, de ahí al cerebro, y pueden darse cuenta qué es lo que hay en su ambiente. Este sistema de sonar también lo utilizan los barcos y los murciélagos. Es un sistema de alta frecuencia, o sea, es una producción sonora de alta frecuencia que puede andar en el orden de los 100 kilohertz. Esto no es audible para el ser humano”, detalla la bióloga.

En el Puerto de Mar del Plata se encuentra una colonia de lobos marinos de un pelo machos. En las colonias de la Patagonia, se pueden oír, por ejemplo, las vocalizaciones de reconocimiento entre la madre y sus crías. Foto: gentileza Joaquín Gana.

Asimismo, los cetáceos producen sonidos de socialización, los cuales son de entre 20 y 40 kilohertz, e incluso pueden ser más bajos. Estos pueden ser audibles por el humano. Al respecto, Giardino comenta: “Este tipo de silbidos se dan principalmente para socializar y también hay una muy fuerte relación entre la madre y la cría. Hay especies de delfines, como el delfín nariz de botella, que tienen silbidos firma, esto significa que tienen silbidos particulares que los identifican. Así como nosotros tenemos huellas dactilares, ellos tienen sus propios silbidos firmas. El cachorro, cuando nace, copia el silbido firma de la madre y después lo adapta, lo cambia un poquito, y lo hace propio”.

Las ballenas también producen sonidos de muy baja frecuencia, que viajan a través de largas distancias. “Las ballenas, que migran de altas a bajas latitudes entre reproducción y alimentación, se encuentran muchas veces emitiendo sonidos debajo del agua que viajan grandes distancias –relata la investigadora del CONICET–. Quizás la más conocida es la ballena jorobada. Produce lo que se llama los ´cantos de las sirenas´, es la que ha dado origen a diversas leyendas y es la más conocida de todas. Se puede llegar a decir que son las que tienen una estructura casi musical. Estas ballenas jorobadas se reproducen en Abrolhos (Brasil). El macho produce estas canciones en la época reproductiva para el cortejo. Todas las temporadas se cambia alguna frasecita de la canción. Estas canciones están compuestas por frases y estas frases se empiezan a cantar durante el período reproductivo. El macho que tiene la capacidad de crear una nueva canción es el que atrae más hembras. De ahí surgen los machos imitadores, los que le copian la canción al macho que se pone de moda y todos empiezan a cantar la misma canción. Al final de la temporada, la mayoría de los machos están cantando la misma canción. Además, estas canciones suelen ser muy largas. Que un macho tenga la capacidad de cantar mucho tiempo tiene que ver con que puede retener el aire mucho tiempo”.

En esta línea, Giardino hace referencia a los trabajos realizados por la investigadora brasileña Renata Santoro Sousa-Lima, quien dedicó su doctorado al estudio de la ballena jorobada. Cuenta que “Sousa-Lima ha visto que la posición como mejor se transmite el sonido es con la cola para arriba y la cabeza para abajo. Se ve que es la mejor para que llegue más lejos. Esta canción puede repetirse durante horas. Dura entre 10 y 15 minutos y se compone de temas repetidos, con frases y subfrases. En general, las frecuencias son menores a 1,5 kilohertz”.

El tachurí siete colores es una de las aves canoras que se pueden avistar en Mar del Plata y la zona. Foto: gentileza de Joaquín Gana.

Una bandada sonora

En el campo y en algunas ciudades, es habitual levantarse por la mañana y, al abrir la ventana, oír una banda sonora en vivo, con los cantos de las aves en las cercanías. A veces, se oye el canto de un pájaro. Otras veces, se escuchan los cantos de varias aves de distintas especies. Cantos superpuestos, descoordinados, con tonos, ritmos y melodías diferentes. Pero cantos al fin.

Según Seco Pon, el término canto de las aves agrupa “una amplia variedad de manifestaciones vocales de las aves, que sirven, en términos generales, para transmitir informaciones relacionadas con el apareamiento y/o con situaciones de peligro o alerta”. Asimismo, resalta que las aves producen llamados y canciones.  Por llamado se entiende alguna “vocalización corta, de estructura acústica simple, que señala o indica un peligro y que se produce a lo largo del año”. En tanto, una canción es “una vocalización larga y compleja producida durante la temporada reproductiva, y está organizada en varias frases que consisten en series de sílabas que, a su vez, se componen de una colección de notas individuales o elementos”. En este punto, el biólogo subraya que cada ave individual “tiene su propio repertorio de canciones, que consiste básicamente en diferentes versiones de una canción” y que “la complejidad del canto varía entre las especies y entre las poblaciones”.

En relación a la función de los cantos y sonidos emitidos por las aves, Seco Pon señala que “la hipótesis más aceptada está fuertemente vinculada con la selección sexual, un concepto clave de la teoría de la evolución biológica y que, en líneas generales, sostiene que ciertos rasgos presentes en los animales (y otros organismos) son el resultado de la competencia entre individuos de un mismo sexo por el acceso a la cópula y de la selección por parte de uno de los sexos de individuos de sexo opuesto”.

En este sentido, el investigador del CONICET describe qué transmiten las aves a partir del canto: “Diversos experimentos sugieren que la calidad del canto del ave puede ser utilizada como un buen indicador del estado físico del individuo. De hecho, el repertorio de cantos también puede estar indicando el estado físico en ciertas especies. Por ejemplo, la habilidad de los individuos macho de mantener y proclamar su territorio utilizando el canto también demuestra su superioridad física. En aves sociales, el canto sirve para mantener cohesión entre individuos, para transmitir información acerca de áreas de alimentación o alarma frente a un peligro, o simplemente para enseñar a otros individuos el canto propio de la especie”.

En Mar del Plata y la zona habitan cientos de especies de aves, entre las cuales hay diversas aves canoras, como el tordo renegrido.

Las aves canoras se encuentran dentro del Orden Passeriformes, grupo que abarca a más de la mitad de las especies de aves del mundo. Estas aves tienen más desarrollado el canto. “Esto está íntimamente relacionado con que en este grupo de aves la siringe, el aparato productor de sonidos en casi todos los grupos de aves, se encuentra más desarrollada debido al número de músculos y aros cartilaginosos asociados al sistema fónico”, explica Seco Pon.

Dentro de las aves que producen cantos se destacan las aves agrupadas en el suborden Passeri, como “los tordos, los gorriones, los mirlos, los zorzales, las aves del paraíso, las viuditas, los cardenales, los tangarás, los jilgueros, los mirlos de agua y los estorninos, entre otros”. Y también aquellas agrupadas en el suborden Tyranni, como “los horneros, los bailarines, las cotingas, los sietecolores, los tapaculos, los churrinches, los espineros y los atrapamoscas, entre otros”.

¿Cuáles son las aves canoras que se pueden encontrar en Mar del Plata y la región? “Dentro de las aves canoras de nuestra región, se pueden encontrar un sinnúmero de especies listadas dentro de diferentes familias, entre las cuales podemos mencionar el tordo renegrido, el tordo músico, el tordo pico corto, el pecho amarillo común, el cabecita negra común, el verderón, el gorrión, el mirlo de agua, el zorzal chalchalero, la calandria real, la calandria grande, la cachirla común, la cachirla chica, el jilguero dorado, el misto, el chingolo, el cachilo ceja amarilla, el cardenal común, el volantinero, el corbatita común, el verdón, el carpintero campestre, el carpintero real, el hornero, el espartillero pampeano, el espartillero enano, el junquero, la mosqueta estriada, el fiofío pico corto, el piojito común, el tachurí siete colores, el churrinche, el benteveo común, el suirirí real, el picabuey, el pico de plata, la tijereta, diversas especies de golondrinas, la ratona común, la ratona aperdizada, por nombrar algunas de las tantas especies de paseriformes. Reviste especial importancia desde el punto de vista de diversidad localizada, la Reserva Natural del Puerto de Mar del Plata, donde se tiene registro de un número considerable de aves canoras”, detalla el biólogo.

Música animal y su aporte a la ciencia

El estudio de los sonidos producidos por los mamíferos marinos permite conocer diferentes cuestiones sobre la biología de estos animales. Para estudiar los sonidos que se producen bajo el agua, los científicos utilizan hidrófonos o micrófonos subacuáticos que les permiten grabar durante horas los sonidos emitidos por los cetáceos. Existen dos tipos de hidrófonos. Aquellos que les permiten registrar en vivo y en directo, con el instrumento conectado a una computadora y una grabadora, mientras viajan a bordo de una embarcación. También hay hidrófonos con batería y memoria, que pueden estar hasta meses tomando registros sonoros debajo del agua. Luego, esa información se puede convertir de analógica a digital para analizarla en una computadora y son estudiados en un espectrograma, que permite hacer mediciones sobre la frecuencia, la amplitud y la duración del sonido.

“Si un delfín, un odontoceto, está ecolocalizando y lo hace en un intervalo de entre un click y otro click espaciado, quiere decir que está visualizando auditivamente algún objeto que está lejano o está explorando el ambiente. Por el contrario, si hace un click tras otro, lo que se conoce como trenes de clicks con un intervalo menor a 3 milisegundos, podemos estar seguros de que detectó algo, una presa, algo que le interesa. Entonces, se pueden hacer inferencias del comportamiento a través del conocimiento de los sonidos”, indica Giardino sobre los aportes del estudio de los sonidos producidos por odontocetos.

Los sonidos también permiten detectar si algún animal se encuentra en peligro. “Hemos estudiado que los delfines comunes –narra Giardino–, que habitan en nuestra zona, cuando se sienten amenazados o están enfermos, producen su propio silbido firma todo el tiempo, como expresando una llamada de auxilio”. En tanto, los sonidos aportan conocimiento sobre las épocas reproductivas, los ritmos circadianos de los animales y en qué momento se alimentan. “Se ha estudiado en el Mediterráneo que, en general, los delfines tienen mayor producción de click, o sea, patrón de mayor ecolocalización durante la noche, que es cuando suben los cardúmenes. Así, podemos establecer en qué momento se están alimentando”, añade la investigadora del IIMyC.

Por su parte, Seco Pon resalta que el canto de las aves permite conocer si el sonido emitido es una llamada o una canción. “Una llamada puede darnos indicio que el emisor está indicando un peligro –describe el biólogo–, mientras que una canción está más relacionada con el apareamiento, esto quiere decir que durante la estación reproductiva es más frecuente escuchar canciones. Durante dicha estación del año, las canciones se intensifican, dado que el periodo reproductivo de muchas especies de aves canoras converge en espacio y tiempo, otorgándole a dicha estación una característica particular y dotando al ambiente en el que vivimos de uno de los sonidos naturales más bellos y característicos”.

La música del mundo animal tiene su encanto. Sonidos llamativos y, en algunos casos, bellas melodías. Pero hay más, porque los sonidos producidos por las aves y los mamíferos marinos proporcionan información valiosa a la ciencia para conocer más sobre los comportamientos y hábitos de estos animales.


¿Hay música en el universo?

Físico, músico y compositor, Sisterna trata de develar esta incógnita: “No hay una música del universo si entendemos por música el sonido involucrado en la transmisión del sonido, porque eso requiere un medio como el aire para ser transmitido. Como en el espacio interplanetario e interestelar no hay aire, es un espacio prácticamente vacío –hay unos pocos cientos de átomos por litro–, entonces, es imposible que haya transmisión de sonido. Por lo tanto, en ese sentido, la respuesta sería no, no hay una música que literalmente suene en el universo. Ahora, la música fundamentalmente son vibraciones, son fenómenos oscilatorios, movimientos periódicos que se repiten como una cuerda de violín que vibra. Una vibración es un movimiento periódico que se repite. En el universo hay muchos movimientos periódicos o cuasiperiódicos, por ejemplo, las más conocidas por todos son las órbitas de los planetas alrededor del Sol. Son movimientos en buena medida periódicos. Digo en buena medida porque hay pequeños cambios a lo largo de los siglos y de los milenios. Así que, en ese sentido, podríamos decir que sí, que hay música en el universo porque hay muchos movimientos periódicos en el universo”.


 


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