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Un nuevo aporte a la filosofía crítica del sujeto

El filósofo Gustavo Salerno, coordinador del libro Siempre Soy. Para una Filosofía Crítica del Sujeto (EUDEM, 2021) explica cómo han sido las reflexiones en torno al sujeto a lo largo de la historia, describe cómo la filosofía y la psicología piensan hoy la categoría de sujeto y analiza el lugar de los sujetos en entornos virtuales.

 

Por Agustín Casa /

 

De las inquietudes intrínsecas de la práctica docente, y fruto de años de diálogos y producciones académicas entorno a la categoría de sujeto, nació el libro Siempre Soy. Para una Filosofía Crítica del Sujeto, editado este año por la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM).

Coordinados por Gustavo Salerno y Eduardo Assalone, un grupo de docentes e investigadores de las áreas de Filosofía y Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) colaboraron con producciones escritas que trazan un recorrido atractivo para cualquier lector interesado en temas vinculados a estas disciplinas.

La obra aborda la subjetividad substancial a partir de cuatro ejes: el contexto de emergencia de la categoría de sujeto en la Antigüedad, en la Edad Media y en la Modernidad; el sujeto en la filosofía moderna, a través de las obras de Descartes, Hume, Kant y Hegel; la crítica del sujeto en la filosofía contemporánea, propuesta por las obras de Marx, Nietzsche, Heidegger y Foucault; y el sujeto en la filosofía y la psicología de la actualidad.

“El libro sigue siendo uno de los medios más concretos a través del cual se lleva a cabo un acercamiento entre universidad y comunidad. Ciertamente no es el único, pero el libro lleva su proceso de producción siempre más allá de él, sea en su versión final física o electrónica. El libro está concebido para circular, para buscar interlocutores en la comunidad y para ser discutido, plantea en diálogo con Citecus Gustavo Salerno, doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Humanidades de la UNMDP, investigador adjunto del CONICET y uno de los coordinadores de la publicación.

Este título, al igual que otros de EUDEM, está disponible en versión digital y se puede descargar de manera gratuita en el sitio web de la editorial, que en junio cumple 15 años.

-¿Cómo surgió el proyecto del libro y quiénes participan? 

-El libro tiene dos motivaciones que lo impulsan. Por una parte, surge como respuesta a una inquietud planteada por nuestro trabajo docente: elaborar una herramienta textual que acompañe el acceso a nociones complejas y ofrezca un hilo conductor suficientemente claro para la lectura de fuentes primarias. Es decir, queríamos preparar escritos que no fueran la sustitución del encuentro con lxs filósofxs, sino una invitación al diálogo y a la problematización con ellxs. De acuerdo a esto, el libro es una sistematización de diferentes esfuerzos y estrategias para resolver aquella necesidad. Por otra parte, el proyecto se concreta gracias a un recorrido previo de lxs autorxs, en el sentido de que cada unx de ellxs preparó un aporte desde un campo de especialización e interés ya abierto y conocido: sea desde la filosofía o desde la psicología, había disponible una experiencia previa de estudio e investigación que sirvió para concretar la idea de un libro colectivo. En él confluyen docentes e investigadorxs de la UNMDP que provienen de las disciplinas que recién mencioné, y que trabajan generando una comunicación interdisciplinar muy rica y estimulante. 

-¿Cuánto de las experiencias de trabajo en las aulas y en la producción de trabajos académicos han sido fuente para este libro?  

-Esta cuestión ha sido muy relevante. La dinámica del aula permite reconocer cuáles son los aspectos más controversiales, pero también más estimulantes para lxs estudiantes. Como docentes que trabajamos habitualmente contenidos filosóficos tenemos el compromiso pedagógico de no reducir nuestro trabajo a una clase magistral, donde solo hay lugar para los monólogos. En filosofía es muy importante recuperar los sentidos ya disponibles acerca de los temas que proponemos, enunciarlos y cuestionarlos, y desde allí abrir camino hacia otra forma de pensar. Y todo esto ha sido tenido en cuenta en la selección y elaboración de los trabajos que conforman Siempre soy. Los textos no son clases desgrabadas, ni resúmenes de la bibliografía. Con esfuerzo, y a mi juicio con éxito, plantean un recorrido claro y conceptualmente ordenado en torno a un tema: el sujeto. “Sujeto” es lo problematizado, lo que se trata de pensar desde sus aristas políticas, gnoseológicas, psicológicas, etc; desde sus atravesamientos sociales, de género y por su lugar de enunciación. Haber elegido esta temática, preparar una secuencia a partir de la cual los textos escritos pueden dialogar entre sí, y tener hacia el final del recorrido un panorama coherente y actualizado ha sido una inquietud promovida en buena medida por el trabajo docente, más allá de que el libro en su conjunto tiene una unidad y un atractivo que lo lleva por fuera de las aulas.


“En filosofía es muy importante recuperar los sentidos ya disponibles acerca de los temas que proponemos, enunciarlos y cuestionarlos, y desde allí abrir camino hacia otra forma de pensar”.


portada libro Siempre Soy

-¿Qué implica una filosofía crítica del sujeto? 

-Básicamente, cuestionar, discutir, problematizar una convicción: la del sujeto pleno y autosuficiente. Es lo que ocurre en filosofía con especial énfasis a partir del siglo XIX: en realidad se trata de varias filosofías, que de forma diversa identifican los límites de la comprensión del sujeto como un “siempre soy”. Tanto la noción de “sujeto” como la de “fundamento” (que ese mismo “sujeto” cumpliría) pasan a considerarse una posición relativa, situada y hasta táctica; se denuncia su carácter arbitrario y forzado; se polemiza la idea acerca de que exista necesidad de ellos; se elabora, en definitiva, una filosofía que lleva a cabo una crítica del “sujeto”. Asimismo, puede decirse que la argumentación de Siempre soy es, a su modo, parte de esa filosofía crítica. Quiero decir que los trabajos que componen este volumen no se limitan a reconstruir la letra escrita, a la que habría que reverenciar. Por el contrario, en lugar de limitarnos a desarrollar un ejercicio meramente reconstructivo, hemos preferido proponer trayectorias de escritura, es decir, escribir artículos que rejerarquizan la información, la contextualizan y la sistematizan. Es una filosofía crítica desde el momento en que “no deja todo tal como está”.

-¿Cuál es el alcance de la frase “siempre soy”? 

-“Siempre soy” es paráfrasis de una convicción que resultó prácticamente hegemónica durante la filosofía moderna. La de que el “sujeto” es algo invariable, permanente, fuente de seguridad. Constituyó una perspectiva rígida y esencialista para pensar lo que sea el yo, o la autoconciencia, o el “alma”. Es un punto de absorción, que aglutina dentro de sí la igualdad de sí mismo y desde el cual se erige en garantía de la verdad y del ser. Obviamente las formulaciones son diversas, y una parte del texto se dedica a distinguirlas y analizarlas. Sin embargo, esas diferencias no impiden reconocer una continuidad en la reflexión, justo hacia la idea de un “siempre soy”, y, por tanto, hacia una instancia que no sabe de sus procesos de génesis, de su historicidad ni de su caducidad. Está representado paradigmáticamente por el yo substancial cartesiano, y aun por otras propuestas que, a su modo, insisten en el sujeto como unidad de referencia y de sentido de lo que hay, de lo que somos y hasta de lo que puede ser. Nos interesa no solo reconstruir la argumentación filosófica que sirve de sustento a una posición semejante, sino también, y acaso sobre todo, identificar y cuestionar las muchas formas en que desde nuestra cotidianidad reanudamos, irreflexivamente, esa convicción.


“Desde la modernidad, con ‘sujeto’ se nombra el hecho de ser pleno, transparente y soberano para sí”.


-¿Cómo ha sido el recorrido de los filósofos a lo largo de la historia en las reflexiones en torno a la categoría de sujeto? 

-Una buena parte de ese recorrido es lo que Siempre soy recupera y pone en discusión. Es muy difícil dar una respuesta abreviada. Pero podría decirse que la filosofía moderna es la que de modo especial elabora una fundamentación por medio de la cual la categoría “sujeto” queda irremediablemente yuxtapuesta con el ego. No crea, por tanto, el concepto como tal (que ya es posible rastrear desde mucho tiempo atrás mediante las nociones de hypokeimenon y ousia, como aquello respecto de lo cual todo se predica). Lo que sí ocurre desde la modernidad es que con “sujeto” se nombra el hecho de ser pleno, transparente y soberano para sí. Se reflexiona acerca de cómo piensa y cómo conoce, cómo debe comportarse, cómo reconoce a otros como él, cómo es el mundo que lo rodea, etc; pero en última instancia se trabaja a partir de la certeza de sí que un yo está en condiciones de alcanzar. Esa certidumbre es la que nombra la palabra “sujeto”. Y a ella ataca una filosofía crítica, como comenté anteriormente.

-¿De qué manera se piensa en los sujetos desde la filosofía y la psicología en la actualidad?

-Primero, no hay un único pensamiento acerca del “sujeto” en ninguna de las dos disciplinas y, segundo, esta falta de unanimidad, digamos, es algo virtuoso y estimulante. Creo que lo que se puede constatar en ambos campos es la ausencia prácticamente absoluta de una noción fuerte y transparente de “sujeto”. También se da una interesante convergencia no solo respecto del diagnóstico, sino en cuanto a trabajar desde las respectivas especificidades disciplinares en favor de elaborar puntos de encuentro para seguir construyendo vías críticas de la actualidad de “los sujetos”. La trayectoria de ese “pensamiento” conduce a un presente en que, después de un rechazo absoluto de la categoría “sujeto”, se la explora como instancia o punto de anudamiento de las agencias individuales y colectivas, con la convicción, sin embargo, de que no constituye un substrato o esencia fija.

-En la época de las redes sociales, ¿cómo se piensan los sujetos en entornos virtuales?

-En general, la virtualidad es un fenómeno que merece especial atención, porque su vertiginosa extensión a todas las esferas de la vida cotidiana (exponencialmente multiplicada por el encierro a causa de la pandemia en el último año, cuyo desenlace ignoramos) está generando efectos inéditos a nivel físico, relacional, psíquico, emocional, etc. La conectividad virtual, en cierto modo, ha dejado de ser un mero “entorno”, como aquello que nos rodea y que está en nuestra proximidad y a nuestro servicio, para constituirse en la forma predominante de experimentar desde nuestro interior la “realidad”. No nos resulta concebible ya un tiempo sin ese tipo de conectividad, inmediata y planetaria. Ya no programamos la conexión, nos precede; planificamos un corte a ella como una completa aventura. Claro que es necesario reconocer el potencial comunicativo que ofrecen las diferentes redes sociales, justo en épocas de confinamiento. Pero, al menos desde mi punto de vista, esa experiencia ha devenido subsidiaria, o ha quedado circunscrita a vínculos ya generados por fuera de las redes. Lo predominante, si no me equivoco, es una “navegación” constante y, la mayoría de las veces, sin propósito predefinido. De ello, solo pueden resultar “sujetos” que se sujetan a sí mismos en una automatización que no controlan. 

 


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