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Aportan nuevas pistas sobre cómo fue el poblamiento inicial de América del Sur

Un trabajo recopilatorio de un investigador del CONICET reúne doce artículos científicos. Las primeras ocupaciones humanas habrían sido antes de lo que se creía, y un sitio de Colombia muestra evidencia de la adaptación temprana a escenarios de bosque tropical y sabana.

 

Doce trabajos científicos inéditos insertos en un volumen temático que se acaba de publicar en la revista Quaternary International reconstruyen cómo fue el poblamiento inicial del noroccidente de América del Sur, la primera región de nuestro continente ocupada por humanos.

“Si bien es una zona clave, porque los primeros asentamientos se dieron allí y luego se dispersaron desde el norte hacia el sur, si asumimos un ingreso inicial por vía terrestre, es también una de las menos estudiadas en ese sentido”, subraya Miguel Delgado, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), el encargado de la compilación de los trabajos.

El volumen cubre numerosas líneas temporales (desde el Pleistoceno final, entre 12 y 13 mil años atrás, hasta el Holoceno medio, hace 5 mil años) y espaciales, como la sabana, Los Andes e islas del Pacífico. La totalidad de los paper que lo integran permite entender la dinámica del poblamiento inicial del continente, las adaptaciones al ambiente y la diversidad biocultural de los primeros humanos que lo ocuparon en base a evidencia arqueológica, como herramientas líticas, es decir, de piedra, y manufacturadas, arte rupestre y prácticas mortuorias, y también gracias a estudios de ADN antiguo sobre restos óseos humanos y nuevos fechados radiocarbónicos –método que se basa en la medición de las concentraciones del elemento químico carbono 14– de sitios.

Así, uno de los principales hallazgos tiene que ver con un sitio arqueológico ubicado en la Amazonia colombiana, específicamente en un complejo de cuevas ricas en arte rupestre que aporta un enorme caudal de información sobre los hábitos de aquellos grupos, cuya edad se estima de 16 a 18 mil años, lo que ubica los primeros poblamientos de la región unos 2 a 3 mil años antes de lo que se pensaba. La evidencia hallada en el lugar muestra que, contrario a lo que se creía, los primeros habitantes se adaptaron rápidamente al ambiente implementando formas incipientes de horticultura. En consonancia con eso, se incluyen otros trabajos que investigaron tipos de herramientas líticas para comprender la dispersión inicial a lo largo de toda Sudamérica, reevaluando evidencias y hallazgos previos sobre adaptaciones insulares tempranas en Panamá.

El investigador Miguel Delgado en un sitio arqueológico de Soacha, Bogotá, Colombia.

“El trabajo es resultado de un simposio que se organizó en 2018 en Necochea, Buenos Aires, al que asistieron investigadores de todo el continente interesados en discutir su poblamiento temprano, particularmente el de la región noroccidente compuesta por Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá, y las adaptaciones de los grupos cazadores recolectores al ambiente”, cuenta Delgado y agrega: “Este volumen temático se propuso echar luz sobre cuáles fueron los sitios más tempranos. La zona que se estudia es clave porque fue la puerta de acceso de los primeros pobladores, pero es una de las menos estudiadas, así que apuntamos a llenar ese vacío de información al respecto. Es una zona difícil de estudiar porque no se preserva mucho material temprano y la acción volcánica y otros procesos geológicos y tafonómicos (de fosilización) fueron modificando el paisaje, borrando o moviendo evidencia, lo que representa un sesgo para la investigación”.

En ese sentido, varios de los trabajos que se incluyen abordan el primer ingreso y subsecuente dispersión desde Panamá hacia el resto de Sudamérica, realizan reevaluaciones de sitios con evidencias clave, así como múltiples adaptaciones culturales a una región muy diversa en términos fisiográficos y ambientales. “El volumen es una actualización del poblamiento, adaptación y diversidad de los primeros grupos cazadores-recolectores que ingresaron, y es una lectura oportuna para aquellas personas interesadas en el primer poblamiento humano del continente”, puntualiza el experto.

 

Un aspecto que abordan varios de los artículos tiene que ver con las relaciones sociales al interior de los grupos, y para ello prestaron especial atención al comportamiento mortuorio, esto es la manera en que enterraban a sus muertos: “Tiene una lógica compleja que revela, por ejemplo, las relaciones de parentesco o de rango social, algo que pudo comprobarse en base a estudios de ADN antiguo, y también surge de la forma en que acomodaban los cuerpos y el tipo de ofrendas que los acompañaban. En las primeras islas del océano Pacífico ocupadas por humanos, a partir de la manera en que los enterraban se puede interpretar cómo eran, en vida, las funciones de hombres y mujeres para la pesca: ellas están enterradas con anzuelos, lo que permitiría inferir que los confeccionaban, y ellos con piedras, las que se habrían usado como pesas para sostener las redes”, explica Delgado en referencia a una de las primeras evidencias de diferenciación de género con relación a las actividades de pesca en la región del caribe sudamericano.

En el artículo de su autoría que integra el volumen, Delgado y otros colegas obtuvieron ADN mitocondrial de 24 individuos humanos enterrados en diferentes sitios de entre 4 y 10 mil años ubicados en la sabana de Bogotá, Colombia, a 2.500 metros por sobre el nivel del mar, un lugar que, por su clima, conserva restos de esa edad. “La información genética nos permitió investigar la continuidad en el tiempo en ese espacio, y también la relación con otros individuos del resto del continente. Pudimos determinar que tuvieron una continuidad amplia, que se quedaron asentados allí, y que los grupos más tardíos tenían mucho contacto interpoblacional con los de otras regiones, a diferencia de los más tempranos. Era lo que pensábamos, lo esperable, pero gracias al ADN antiguo pudimos establecerlo con certeza”, concluye.

Fuente: CONICET La Plata.

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