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“Chalets Mar del Plata”, símbolos arquitectónicos de la ciudad

Mar del Plata cumple 147 años y Lorena Sánchez (arquitecta e investigadora del CONICET), especialista en patrimonio marplatense, nos invita a mirar construcciones típicas de la ciudad para descubrir el valor su historia.

 

¿Qué es una ciudad? El diccionario la define como un  conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica por lo común a actividades no agrícolas. En rigor, Mar del Plata cumple con esa definición, pero ¿qué la identifica? ¿Qué imagen viene a nuestra mente cuando se nombra a la Perla del Atlántico? “Lo que caracteriza cada ciudad depende del punto de vista del observador”, dice Sánchez, y con ese puntapié inicial nos sumerge en su forma de ver, estudiar y cuidar la ciudad que el miércoles 10 de febrero celebra los 147 años de su fundación.

Lorena Sánchez es doctora en Arquitectura y magister en Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano, e investigadora adjunta del CONICET, perteneciente al Instituto de Estudios de Historia, Patrimonio y Cultura Material (IEHPAC- FAUD, UNMDP). Trabaja en paisaje histórico urbano y su inserción de obra contemporánea, generando aportes para salvaguardarlos de manera equilibrada, analizando las prácticas socioculturales y sociomateriales en Mar del Plata. Su trabajo busca el equilibrio entre la preservación del patrimonio y su sustentabilidad, con una característica particular: incluye a los usuarios en ese balance.

Chalet Su Nuraghe, construido por el arquitecto Córsico Piccolini. / Foto principal: Chalet de David Watson, también diseñado por Piccolini. Gentileza: Oscar Martín Casemayor.

Sánchez explica que  Mar del Plata se caracteriza por su perfil costero y los barrios con una especial densidad de chalets pequeños y medianos, de estilo pintoresquista, conocidos como “Chalets Mar del Plata”. Roland Barthes dijo: «la ciudad es un discurso, y este discurso es verdaderamente un lenguaje: la ciudad habla a sus habitantes», y esos chalets hablan a quienes quieran oírlos, cuentan la historia de la ciudad y sus habitantes, y Lorena los interpreta.

La investigadora remarca que los chalets de veraneo se pueden encontrar en otros lugares, como Bariloche, Córdoba o Mendoza. Son fáciles de distinguir por ser de una sola planta, tener tejas coloniales, carpinterías de madera hachada, revoques texturados, los inconfundibles jardines al frente y galerias de entrada. Pero los chalets de nuestra ciudad tienen algo especial, quien vea un chalet marplatense no lo confundiría con el de otro punto turístico. Y es que el revestimiento de las casas tiene una identidad propia, con sus frentes de la famosa “Piedra Mar del Plata” cortada en listones horizontales, típicos de la arquitectura de Alula Baldassarini.

Chalet de María Laura Spinetto de PIni, construido por el arquitecto Rodríguez Etcheto. Foto: gentileza Oscar Martín Casemayor.

Estas construcciones surgieron entre 1930 y 1950, cuando la ciudad comenzó a ser un punto turístico para otros estratos sociales, más allá de las familias acaudaladas que poseían sus casas de veraneo aquí. Los nuevos veraneantes construyeron estas residencias más pequeñas, acorde a su presupuesto, pero con una impronta muy fuerte de las grandes casonas sobre la costa, que eran referencia de diseño y materiales a utilizar, los chalecitos eran sus “descendientes simbólicos”. Así, el uso de la piedra Mar del Plata, extraída en las canteras cercanas a la ciudad, funcionó como un signo de pertenencia, como un símbolo de status, que fue grabando en el imaginario esa postal inconfundible de nuestra ciudad balnearia.

“El orgullo por haber alcanzado el chalecito se exhibe, por ejemplo, en las leyendas de sus fachadas. Estas inscripciones oscilan entre los nombres y apellidos de los constructores o arquitectos intervinientes, los apodos de los dueños y frases sentidas o graciosas, así como otros elementos de apropiación, como los enanos de jardín, los muros socavados para la colocación de figuras religiosas o los pequeños vitrales con escudos familiares”, cuenta Sánchez en su libro Viva el Patrimonio. Un paseo inaugural por el patrimonio arquitectónico y urbano, de editorial EUDEM, publicado en 2018.

Lorena Sánchez es doctora en Arquitectura y magister en Intervención del Patrimonio Arquitectónico y Urbano, e investigadora adjunta del CONICET, perteneciente al Instituto de Estudios de Historia, Patrimonio y Cultura Material (IEHPAC- FAUD, UNMDP).

La ciudad es mutante, se transforma a cada verano, señala Sánchez, y al carecer de normativa respecto a la preservación de pequeñas construcciones, que poseen un valor patrimonial en conjunto, las grandes construcciones en altura perjudican la calidad del paisaje y es irreversible. Esto sumado a que la construcción más pequeña fue abordada generalmente desde la perspectiva histórica y no patrimonial, y que la figura de patrimonio no monumental es un hecho bastante reciente, hacen que el aporte de su investigación se vuelva indispensable para comprender y cuidar la identidad de nuestra ciudad.

Lorena recuerda que desde muy pequeña tuvo afinidad por las casas antiguas y especifica que la arquitectura no apareció como una epifanía en su vida: fue un camino lento que fue mostrándole la forma de entrar en ese espacio que le permite hoy estudiar la relación entre la vivienda y sus usuarios, en lo que ella considera es el mejor exponente de esta relación: el chalet.

En 2018, Sánchez publicó el libro Viva el Patrimonio. Un paseo inaugural por el patrimonio arquitectónico y urbano, editado por EUDEM.

“Siempre me llamaron la atención ese tipo de viviendas y después me di cuenta que había un vacío de investigación en cuanto a relacionar los valores que tenían con una cuestión de preservación y empecé a trabajar sobre eso”, relata Sánchez, quien en 2009 publicó el Manual de propuestas para la intervención y Conservación patrimonial de las fachadas de los chalets modestos “estilo Mar del Plata”. A través de ese manual, que surgió como resultado de su tesis de Maestría de Intervención en el Patrimonio Arquitectónico y Urbano, los habitantes de estas construcciones pueden comprender y colaborar con las intervenciones de los profesionales y llevar a cabo tareas de conservación.

Al hablar con Sánchez es fácil reconocer la pasión con la que estudia la relación mimética entre las construcciones que son parte del ADN marplatense y quienes las habitan. Motorizada por esa pasión y las ganas de compartir su conocimiento, al inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio, junto con la editorial EUDEM, habilitó la libre distribución de su libro Viva el patrimonio. Un paseo inaugural por el patrimonio arquitectónico y urbano, al cual puede accederse a través del siguiente link: http://www2.mdp.edu.ar/images/eudem/pdf/Viva_el_patrimonio

Chalet Solymar, construido por el arquitecto Rodríguez Etcheto. Foto: gentileza Oscar Martín Casemayor.

Fuente: Daniela Garanzini-Departamento de Comunicación CONICET Mar del Plata.

Fotos chalets: gentileza Oscar Martín Casemayor.

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