Entrevistas

La crisis climática bajo la mirada de tres científicos argentinos que integran el IPCC

Anna Sörensson, Paulina Martinetto y Gabriel Blanco cuentan cuáles son los puntos salientes de los últimos reportes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, describen las causas del cambio climático y sus impactos, y detallan qué tipo de medidas de adaptación y mitigación se deben llevar adelante.

 

Por Agustín Casa /

Durante el último año, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) presentó los nuevos reportes encuadrados en el sexto informe de evaluación, que presentan la nueva evidencia científica en la materia, siete años después de los reportes del quinto ciclo.

Los mensajes son contundentes. La comunidad científica que forma parte del IPCC elaboró reportes que hacen foco en los cambios sin precedentes que han sido observados en el clima, como consecuencia del aumento de 1,1 °C de temperatura media global desde la era preindustrial. Y advierten las consecuencias que implicarán alcanzar el umbral de aumento de 1,5 °C.

También los reportes dan cuenta de la amenaza que significa el cambio climático para el planeta y los seres vivos, y cómo afecta la vida de miles de millones de personas a nivel global. Frente a ese contexto, instan a la implementación de medidas de adaptación y mitigación de manera inmediata.

Asimismo, en el escenario actual, remarcan la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en todos los sectores para poder limitar el calentamiento global a 1,5 °C.

Los tres grupos de trabajo del IPCC contaron con la participación de investigadores e investigadoras argentinas que trabajaron en la redacción de distintos capítulos de los reportes del sexto informe de evaluación.

Bases físicas del cambio climático

Anna Sörensson es una de las científicas que representaron a la Argentina en el grupo de trabajo I, dedicado a las bases físicas del cambio climático. La doctora en Ciencias de la Atmósfera participó como autora coordinadora principal del capítulo 10, que aborda el vínculo entre el cambio climático global y el regional. El reporte de este grupo de científicos se publicó en agosto de 2021.

“Es indiscutible que el cambio climático observado es causado por las acciones humanas. Los cambios son rápidos, generalizados y se están intensificando. Son sin precedentes en los últimos miles de años. Cambios en el clima ya se observaron en todas las regiones de la Tierra. Estos cambios van a seguir mientras sigue el calentamiento global, es decir, fundamentalmente las emisiones de dióxido de carbono”, explica a Citecus Sörensson, quien es investigadora del CONICET en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), perteneciente al CONICET y la UBA.

Como consecuencia de las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por las acciones humanas, en particular dióxido de carbono y metano, la temperatura media global se ha incrementado 1,1 °C en relación a la época preindustrial. Sörensson advierte que “para las próximas dos décadas el calentamiento llegará a 1.5 °C” y adelanta: “Esto implica cambios regionales de, por ejemplo, extremos de temperatura más altas y olas de calor más intensas. Y se pueden esperar lluvias más extremas o sequías más intensas en algunas regiones”.

A su vez, la especialista en Ciencias de la Atmósfera remarca que “los cambios cada vez serán más severos, ya que se sigue emitiendo dióxido de carbono a la atmósfera” y subraya que “reducir las emisiones a corto plazo es sumamente importante para ralentizar los cambios”.

“Para que los cambios paren su evolución hay que llegar a la total suspensión de las emisiones de dióxido de carbono. Revertir los cambios ya ocurridos solo se podría llegar a hacer si se llega a remover dióxido de carbono de la atmósfera, o si se llega a emitir cero dióxido de carbono y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de metano”, sostiene la autora del grupo de trabajo I.

Si bien Sörensson reconoce que “algunos cambios no son reversibles”, como el aumento del nivel del mar y el derretimiento de los glaciares, destaca que “es sumamente importante saber que se puede evitar un mundo inhabitable si logramos reducciones inmediatas, rápidas y a gran escala de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

 

Impactos y vulnerabilidad

La marplatense Paulina Martinetto integra el grupo de trabajo II del actual informe de evaluación del IPCC, que a fines de febrero de este año publicó un reporte dedicado a impactos, adaptación y vulnerabilidad. Martinetto participó como autora principal del capítulo 3, que trata sobre océanos, áreas costeras y sus servicios.

“El mensaje principal del informe del grupo II es que la evidencia científica acumulada es inequívoca: el cambio climático es una amenaza para el bienestar humano y para la salud del planeta. De aquí en adelante cualquier retraso en concertar acciones globales hará perder una pequeña ventana que se cierra rápidamente para asegurar un futuro habitable”, comenta a Citecus Martinetto, doctora en Biología e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMyC), del CONICET y la Universidad Nacional de Mar del Plata.

En esta línea, la marplatense destaca que el reporte manifiesta “una grave advertencia sobre las consecuencias de la inacción” y que el informe da muestras de “la interdependencia del clima, la naturaleza y las personas para analizar los riesgos y la vulnerabilidad, pero también para el desarrollo de soluciones”. “Este informe integra las ciencias naturales, sociales y económicas con más fuerza que los informes anteriores”, subraya.

La bióloga marplatense resalta que el calentamiento global ha ocasionado importantes y generalizados cambios en la naturaleza. En este sentido, detalla: “El incremento en la frecuencia, intensidad y duración de extremos climáticos han conducido a mortalidades en masa (como la pérdida de árboles en bosques templados y tropicales expuestos a sequías y olas de calor o el blanqueamiento de corales sometidos a períodos de olas de calor marinas por encima de su límite de tolerancia), y también en los casos más extremos ha llevado a cientos de extinciones locales”.

En paralelo, la investigadora del CONICET y la UNMdP remarca que, a pesar de los esfuerzos de adaptación, el cambio climático afecta la vida de miles de millones de personas, por ejemplo, por el incremento de ciclones tropicales, el aumento del nivel del mar y las lluvias torrenciales.

“Estos impactos se magnifican en las ciudades, donde vive más de la mitad de la población mundial. Por ejemplo, las olas de calor pueden combinarse con el efecto de isla de calor urbano y la polución del aire. Consecuentemente, la salud, vidas y los medios de vida de la población que vive en ciudades y otras áreas urbanas, así como los sistemas de transporte y servicios esenciales como el agua y la electricidad, son crecientemente afectados por el cambio climático. Y aquellos con menos posibilidades de sobrellevar la situación, por ejemplo las personas que viven en asentamientos informales, son más afectados”, asegura.

Martinetto afirma que el cambio climático se combina con el uso insostenible de recursos naturales, la destrucción del hábitat, la creciente urbanización, la inequidad y la marginalización y advierte que “estas tendencias no solo amenazan directamente a los ecosistemas y a las personas que dependen de ellos, sino que disminuyen la capacidad de la naturaleza, las comunidades y los individuos de adaptarse al cambio climático”.

En este marco, la bióloga cuenta que el reporte sostiene que unas “3.3 a 3.6 mil millones de personas viven en puntos críticos con alta vulnerabilidad al cambio climático” y que esas personas están distribuidas principalmente en América Central y del Sur, en África Oriental, Central y Este, y en Estados en desarrollo en pequeñas islas y el Ártico.

Asimismo, Martinetto señala que con un aumento de temperatura de 1,5 °C respecto a la época preindustrial, “veremos extinciones de especies y pérdidas de ecosistemas como los de alta montaña, arrecifes de corales tropicales y humedales costeros (como las marismas, los manglares y las praderas marinas), incluso si el incremento de 1,5 °C es temporal por algunas décadas”.

En tanto, hace referencia a futuros riesgos climáticos, entre los que menciona el estrés por calor, la escasez de agua, el riesgo sobre la seguridad alimentaria, el incremento del riesgo de enfermedades –sobre todo aquellas transmitidas por vectores– y el riesgo a inundaciones.

Impactos en la región

Los impactos del cambio climático se observan a nivel global y América del Sur no es la excepción. “En toda América del Sur, salvo la Patagonia, el aumento de las olas de calor se pueden atribuir al calentamiento global causado por la acción humana. Para la Patagonia no tenemos la literatura suficiente para poder evaluar la situación”, señala Sörensson.

A su vez, la investigadora de la UBA y el CONICET indica que en “en el sudeste de Sudamérica, las precipitaciones extremas han aumentado su intensidad, también debido al calentamiento global causado por la acción humana” y que “en el noreste de Brasil han aumentado las sequías por el calentamiento global causado por la acción humana”.

“Los glaciares del sur de los Andes han perdido aproximadamente un 20 % de su masa en los últimos 50 años. Y los glaciares tropicales han perdido un tercio de su masa en los últimos 50 años”, agrega.

Adaptación al cambio climático

Uno de los ejes del reporte del grupo de trabajo II del IPCC es la adaptación al cambio climático. En este sentido, Martinetto afirma que “existen opciones de adaptación al cambio climático que podemos tomar para reducir el riesgo para las personas y la naturaleza, pero su efectividad disminuye con el aumento del calentamiento”.

En relación al tipo de medidas para impulsar la adaptación a los cambios en el clima, la bióloga destaca: “La mayoría de las acciones a la fecha abordan peligros relacionados con el agua, como reducción de inundaciones y sequías. Combinaciones de acciones como sistema de alerta temprana y diques han reducido la pérdida de vidas. Dejar que la naturaleza tome su curso –dejar espacio para el agua, cambios en el uso de tierra, y reubicación planeada son todas opciones promisorias–. En agricultura, la irrigación puede ser efectiva, pero puede tener resultados adversos tales como agotamiento de las napas freáticas”.

Al mismo tiempo, la investigadora del CONICET remarca que “la seguridad alimentaria y la nutrición, la salud y el bienestar, el sustento y la biodiversidad, se pueden mejorar haciendo los sistemas de alimentos más resilientes, por ejemplo, adoptando cultivos y ganados diversos y tolerantes al estrés (en oposición a los monocultivos y a la ganadería intensiva), y trabajando con la naturaleza para el control de pestes, polinización, almacenamiento de carbono y regulación de las temperaturas extremas”.

En tanto, resalta que “la adaptación en ciudades y otras áreas urbanas, donde vive la mayor parte de la población mundial, dependerá mayormente de la resiliencia de la infraestructura natural, social y física”.

“Existe evidencia creciente de que el riesgo para las personas puede reducirse y la biodiversidad mejorarse de muchas maneras. Por ejemplo en las ciudades y en otros lados, los árboles pueden proveer de sombra, la vegetación puede tener un efecto de enfriamiento, las áreas verdes pueden proveer de drenaje y almacenamiento de agua de inundación y la agricultura urbana puede proveer alimentos. Los humedales costeros pueden proteger contra la erosión costera y las inundaciones asociadas a las tormentas y al aumento del nivel del mar”, sostiene Martinetto.

También hace referencia a estrategias que se encuadran en lo que se conoce como Adaptación Basada en Ecosistemas (AbE), medidas que proponen la utilización de la biodiversidad y de los servicios que brindan los ecosistemas como estrategias de adaptación. “La naturaleza ofrece un significativo potencial inexplorado, no solo para reducir el riesgo climático y lidiar con las causas del cambio climático, sino también para mejorar la vida y sustento de las personas”, asegura.

Respecto a este tipo de estrategias, la especialista indica que “la protección y restauración de los ecosistemas, incrementando la conectividad con áreas protegidas para permitir a las especies moverse hacia nuevas locaciones ecológicamente apropiadas y creando refugios donde las especies vulnerables pueden sobrevivir localmente, puede ayudar a los ecosistemas a adaptarse al cambio inevitable y reducir la pérdida de biodiversidad”.

Desde el Laboratorio de Ecología del IIMyC, Martinetto y su equipo llevan adelante un proyecto que consiste en evaluar el rol de las marismas –pastizales costeros– de la costa argentina en el secuestro y el almacenamiento de carbono.

“Evaluamos experimentalmente cómo diferentes factores ambientales y biológicos condicionan esta capacidad. También estamos trabajando con una empresa pesquera en un proyecto piloto de reducción y compensación de su huella de carbono a través de la conservación y restauración de pastizales nativos y marismas”, describe la marplatense.

Mitigación del cambio climático

Gabriel Blanco es uno de los argentinos que forma parte del grupo de trabajo III del IPCC, que a principios de abril publicó un reporte sobre la mitigación del cambio climático. Blanco es autor coordinador principal del capítulo 16, que trata sobre innovación, desarrollo tecnológico y transferencia.

“El primer mensaje del reporte es de urgencia para la acción. El segundo mensaje es que hay que trabajar en todos los sectores, que desde la parte tecnológica hay alternativas”, señala a Citecus Blanco, ingeniero naval y mecánico con posgrado en la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos) en el campo de los recursos energéticos y las energías renovables, y docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN.

No obstante, advierte que “desde la parte de la demanda de bienes y servicios, hay que trabajar mucho, porque la demanda de bienes y servicios es creciente a nivel global” y remarca que “hay aspectos culturales, comportamientos sociales e individuales que llevan a ese incremento incesante en el consumo de bienes y servicios, que, por lo tanto, traccionan la demanda”.

Asimismo, cuenta que otro de los mensajes de este reporte es que para que las tecnologías sean accesibles en todas las regiones, “tiene que haber políticas adecuadas en todos los lugares, tiene que haber financiamiento para que eso pueda darse, y esas condiciones todavía no están establecidas”.

“Otro mensaje es que la acción que se haga debe adaptarse a las circunstancias locales y debe generar sinergias con los objetivos de desarrollo sostenible”, subraya el ingeniero.

Sobre las medidas de mitigación implementadas hasta ahora a nivel global, el docente e investigador de la UNICEN reflexiona: “El hecho de que las emisiones sigan creciendo, indica que estamos yendo por un camino equivocado. Y lo curioso es que se implementan medidas de mitigación. Las energías renovables, por ejemplo, siguen creciendo en muchas regiones y países del mundo, pero también siguen creciendo el consumo de petróleo y de gas natural. Así que esas energías alternativas en realidad cubren una parte del crecimiento del consumo nuevo. Solamente cubren una parte de lo que se crece anualmente en materia de consumo energético”.

Blanco observa que “las nuevas tecnologías, y algunas tecnologías que apuntan también a la demanda, a que sea más eficiente el consumo de energía, pareciera que en el balance total no están generando ningún beneficio”.

“Lo que hacen las nuevas tecnologías, en general, es incrementar la producción y el consumo de bienes y servicios. Entonces, a las nuevas tecnologías hay que acompañarlas con voluntad política y voluntad ciudadana también, para que los cambios sean realmente efectivos, sino lo que se termina haciendo es consumiendo más y produciendo más bienes y servicios”, apunta.

A la hora de pensar en medidas de mitigación, Blanco resalta que “lo primero que hay que hacer es pensar qué es lo que estamos produciendo y qué estamos consumiendo en cada país, en cada región y a nivel global”.

Y destaca: “Hay muchas medidas y acciones de mitigación. Muchas son de tipo tecnológico. Ahí lo que hay que hacer es pensar qué es lo que mejor se adapta a cada región, a cada lugar, según las circunstancias de cada lugar. Hay que ver en cada lugar, en cada comunidad, qué es lo que se puede, qué es lo que se quiere, para que también esas medidas de mitigación tengan sentido desde un punto de vista de un mejor desarrollo”.

Además, por más que algunas personas sean conscientes de la crisis climática, reconoce que las acciones individuales tienen su límite. “Las acciones hay que hacerlas en la medida que uno pueda, en el lugar donde uno se desempeña. Y el resto hay que demandarlo a las autoridades, que tienen la responsabilidad de poder cambiar las cosas”, concluye Blanco.


Citecus es un sitio web independiente y autogestionado dedicado a la comunicación de temas de ciencia, tecnología y sustentabilidad. Si te gustan las notas que publicamos, podés colaborar a través de la plataforma Cafecito para que podamos generar más contenido de calidad.

Invitame un café en cafecito.app


También te puede interesar:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *